Todos hemos necesitado alguna vez un tipo de vía que nos libere de la tensión que se nos acumule en el cuerpo. Puede que esas vías a veces no sean las más convenientes, pero son las más satisfactorias. Dolor, pena, vacío... A veces tan solo se acaban las ganas de seguir adelante, pero sabes que esto no se puede acabar ahí, que encontrarás razones por las que seguir, por las que vivir.
Pero a veces no es tan fácil...
Su marcha dejó un vacío demasiado profundo en mí, demasiado notable como para intentarte convencer de que no es nada, solo una ida más suya. Nada más.
No importa los besos robados, no importa esos abrazos suyos que te dejan sin respiración. No importa la intensidad de su mirada con la que te miraba.
No importa el recuerdo del vaivén de sus caderas contra tí, cómo se hundía en ti una y otra vez y siempre mirándote, asegurándose que el goce fuera incluso más tuyo que suyo propio.
No importa ese sentimiento tan extraño y desconocido para ti pero a la vez cálido y hermoso que se instauró en tí en lo más profundo de tu alma.
No importa que lo ames.
Pero el dolor pasará en algún momento de la vida. Por lo menos queda esa esperanza.
Ahora solo importa esto. La navaja que aprietas contra las venas de tu mano hiriéndote una vez más, la sangre cálida fluyendo por todo tu brazo, el dolor de esa zona y el olvido del de tu corazón. Ahora mismo, sólo eso importa.
Nada más.
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